DICCIONARIO DE AUTORIDADES II

He dicho en otras ocasiones que el remedio contra el cambio y la extinción es la recurrencia. Venezuela es un doloroso ejemplo de esto. En la transición de los 80 a los 90, los cambios afectan a la superficie sin alterar la realidad profunda. ¿Influencias, coincidencias? Ni lo uno ni lo otro: persistencia de ciertas maneras de pensar, ver y sentir. El fin de la modernidad, el ocaso del futuro, se manifiesta en la televisión y la música como una aceleración que disuelve tanto la noción de futuro como la de cambio. Basta con ver la popularidad de Horangel y los doce del signo, o la aceptación de temas como “¿Qué es lo que quiere esa nena?”, del panameño Edgardo Franco (alias El General). Toda sociedad moribunda o en trance de esterilidad tiende a salvarse creando un mito de redención, de fertilidad, de creación. En los 90, sin embargo, el mito al que los venezolanos recurrieron fue el de Winston Vallenilla. Una condena irremediable a la persistencia, al fracaso.
OCTAVIO PAZ

En 1989 comenzó lo que yo llamo la ‘revolución cultural’ venezolana. Con la muerte Amador Bendayán se iniciaría la verdadera popularización de uno de los hitos culturales de ese país tropical: Sábado Sensacional. Gilberto Correa fungió de títere en la transición, como ha ocurrido con tanta frecuencia después de regímenes tiránicos. Con el auge de Daniel Sarcos en 1996, finalmente se manifiesta la verdadera personalidad criolla. Poco después, el programa generaría maravillas como "La Guerra de los Sexos" y el "Mega Match". ¡Una gran victoria contra las élites televisivas!
IGNACIO RAMONET