¿Quiénes Somos?

LOS DIRECTORES


María Cecilia Egan, por Sánchez:

Cecilia siempre fue una niña precoz. Un evento importante en su formación estética fue la transmisión, en cámara lenta, que hiciese Sábado Sensacional de la muerte de Paquirri mientras Isabel Pantoja interpretaba su canto de lamento. Este tipo de eventos fortalecieron el temperamento de Cecilia y endurecieron su carácter. El Colegio Cristo Rey de Altamira formó sus primeros años de estudio. La sustitución de Xavier por Ray, en el popular trío boricua Proyecto M, fue otro de los hechos fundamentales en su historia personal. Licenciada en Letras por la UCAB. En sus años de estudio se destacó en el ámbito filológico, gramatológico y formal tomando, en ocasiones, actitudes neuróticas. El profesor Andrés Romero, el S.J. Jesús Olza y el padre Basilio Tejedor siempre reconocieron en Cecilia un talento innato para comprender la riqueza de la separación en sílabas, las sinalefas, hipérboles, el oxímoron e, incluso, para descifrar sopas de letras. Posteriormente, Egan realizó en Pittsburgh, EE.UU., una Maestría en Lingüística Aplicada en la que presentó una tesis titulada "Vowel acquisition in Cantonese-English bilingual infants", tema con el que aún batalla. Actualmente, vive en Dublín en compañía de su esposo Hugo Losada y el, íntimamente, llamado ‘monstruo’, Diego Losada, quien para los días en los que surgen las Noventerías aprende, forzosamente, a caminar. La conocí en 1999 cuando coincidimos en el segundo año de la UCAB. En ese entonces Cecilia, un poco más repuesta, fomentaba el humor negro, la supresión de la cursilería y el radicalismo gramatical. Con el tiempo y, sobre todo, la maternidad algunas de sus posiciones más reaccionarias se han moderado.


Eduardo J. Sánchez Rugeles,
por Egan:

Sánchez fue educado sentimentalmente en los 80, entre las melodiosas notas de la Generación Halley y el advenimiento de He Man, pero su formación intelectual tuvo lugar en la década de los 90, saltando de colegio en colegio en busca de vocación. Fue así como, para el disgusto de sus padres, terminó en la UCV estudiando Filosofía. La tarde en que les informó que quería comenzar Letras en la UCAB, el señor José respiró profundo, convencido de que su único hijo varón jamás terminaría ninguna carrera. Sin embargo, Sánchez logró graduarse de ambas a principios del nuevo milenio. Su madre, doña Tere, tuvo que ir al Calvario a pagar promesas. Sus mayores influencias intelectuales noventeras, sin duda alguna, son El Príncipe del Rap, Nubeluz, Braveheart, Daniel Sarcos y el Sega Genesis. Cuando se le pregunta qué evento de los 90 marcó su vida, responde inmediatamente: “La muerte de Selena Quintanilla”. Su libro noventero de cabecera es Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, de John Gray, y su grupo musical favorito es Los Fantasmas del Caribe. Hoy en día, Sánchez, el mismo flaco tembloroso que conocí en 1999, vive en Madrid con su esposa Beatriz, donde ejerce de ama de casa, bloggero y exiliado (aparte de hacer una maestría en Estudios Latinoamericanos en sus ratos libres).



LOS COLABORADORES

Mel Camacho, por Marlene
:

Cuando Sergio dejó el grupo Menudo, Mel participó en un casting que se realizó en el teatro La Campiña para sustituirle. En ese concurso se impuso la palanca de Jonathan Montenegro (recomendado por Hugo Carregal) lo que, para Mel, representó un gran trauma.
Hizo la escuela primaria en el Colegio Santa Mónica, repitió séptimo en el Rómulo Gallegos de Los Chaguaramos (hoy desaparecido), logró sacar noveno en Las Colinas, en Bello Monte, y terminó graduándose en un parasistemas que, ilegalmente, funcionaba en Sabana Grande. A mediados de los noventa entró a la Escuela de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela y obtuvo su título con una polémica tesis titulada “Erotismo tropical”. Mel posee una imaginación incendiaria y una memoria, particularmente, selectiva. En sus ratos de ocio escribe ensayos eróticos en los que explora intersticios y espacios privados de la ochentería y la noventería caraqueña. Mel, en su trabajo, reflexiona sobre la intimidad de los personajes de las telenovelas e invita al lector (los seis idiotas que le conocemos) a enriquecer su imaginario local con cuadros carnales que, probablemente, nadie ha tenido el ingenio de concebir. Escribió un par de notas para el efímero portal Éxigo y, actualmente, dicta clases de castellano en un instituto de educación superior. Lo conocí en 1998 en el Cordon Blue de Plaza Venezuela (creo que me lo presentó Lautaro). Me sedujo desde el principio. En aquella reunión, totalmente borracho, describía ante un grupo de acólitos lo que habría sido la primera felación de Topacio: habló de una Topacio acuclillada que tanteaba la entrepierna de su galán Jorge Luis; habló de los ojos en blanco de Víctor Cámara quien, extasiado, se agarraba de las orejas de la ciega; tonos de piel, reflejos, olores, fricaciones… Mel lo describía todo. Finalmente, nos habló de la sonrisa traviesa de Grecia Colmenares que, a pesar del shot de garganta, burbujeaba Cerelac. Ese era Mel. Ese es Mel. Por petición de Cecilia y Eduardo se ha comprometido a moderar su temperamento lascivo en las Noventerías. Sus primeros trabajos en el blog, para sorpresa de todos, se alejan considerablemente de su habitual estética.


Gala Saavedra, por Egan:

De Gala no puedo decir mucho. No porque sea una persona particularmente misteriosa, sino porque –simplemente– no la conozco bien. Sé que estudió en un colegio católico, y que luego anduvo picoteando carreras en Caracas (Letras, Sociología, la última fue Estudios Liberales), pero nada le satisfacía. Ahora está por terminar un major en Estudios Hispanoamericanos en alguna universidad gringa, bajo amenaza de muerte de sus padres. Tropezó con este blog por casualidad, mientras buscaba material para un paper sobre memoria e identidad y, también por casualidad, resulta que conocía a la mitad de sus escritores. Sus planes futuros, inciertos. Tal vez haga un PhD, tal vez dé clases en un community college. Pero regresar a Venezuela, en sus propias palabras, “sólo con los pies pa’lante”.


Marlene Tavares, por Mel:


Marlene pertenece a esa generación aturdida y modelada por la emergencia de Eduardo Palomo. Lo descubrió en la segunda parte de Alcanzar una estrella donde interpretaba al hermanastro de Ricky Martin. Lo siguió de cerca en Yo compro esa mujer para, finalmente, alienarse del todo con su caracterización de Juan del Diablo en el popular teledrama Corazón Salvaje. Marlene se compró el disco de Eduardo Palomo y, además del single promocional “Mudándome de ti”, se aprendió todas las canciones inútiles que, afortunadamente olvidadas, formaron aquel horrible compendio.
Estudió en el Colegio San Ignacio de Loyola hasta que, en noveno grado, la botaron. No recuerdo dónde se graduó de bachiller. Marlene es Licenciada en Letras por la UCV y, en ese recinto, como en los tiempos escolares de afición a Palomo, asumió un nuevo objeto de afecto. Marlene tiene, aproximadamente, 10 años de noviazgo con mi buen amigo Julien Alonzo Calo. Vale señalar que Marlene tiene un temperamento frágil, sentimental, culebrero, risible y, a ratos, irracional.


Cipriano Malpica, por Egan:

Conocí a Pano Malpica a mediados de los 90, cuando iba a clases de teatro en el San Agustín del Marqués. En aquel entonces, era un tipo tímido, incómodo en su propio pellejo. A pesar de su inherente mal humor, Pano era bastante cándido y de buenos sentimientos. Las cosas no han cambiado demasiado. Le perdí la pista por bastantes años hasta que me lo encontré presentando el examen de admisión en la UCAB. Él quería estudiar Letras en la Central, pero su viejo insistió en que debía estudiar en una universidad privada. Y Letras, por supuesto, no era una opción. Así que Pano Malpica es hoy en día un infeliz administrador de empresas que vive en Londres, donde se dedica a cualquier cosa menos aprender inglés o trabajar en su carrera. Es un lector compulsivo. Escribe bastante mal, carece de estilo (“para eso estás tú, para que edites mis mamarrachadas”, suele decirme), pero hay que admitir que es un tipo bastante observador y tiene una memoria de elefante, elementos que lo hacen un perfecto cronista.

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